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Se acercan las navidades y nuestros bolsillos se echan a temblar. Los regalos, de casi obligatoria adquisición, merman nuestro sueño, nuestra tesorería y la oportunidad de consagrar unos pequeños ahorros para un caprichito personal. Aparte de lo económico, el encontrar el presente perfecto para cada familiar se convierte en una aventura de hipermercado: no sabemos que necesitan, si les gustará o si gastaremos los cuartos de forma estúpida y nuestro regalo acabará apocado en la esquina de aquel perdido armario empotrado que solo se abre cada cambio de temporada.

¿Quién no ha lanzado al aire un gran suspiro cuando la pequeña de la familia le ha pedido la Barbie veterinaria, la periodista o la ricachona con la supermansión rosa con ascensor incluido? No por el coste económico en sí de dicha muñeca, sino por los valores que Mattel ha ido inyectando en las niñas desde que apareció este personaje: sexismo a tope, chicas esbeltas y guapas, sin más preocupación que esperar a Ken en casa rodeada de niños y preparando el plato preferido del musculado esposo.

Por suerte, no todas las “niñas buenas” ven en Barbie el prototipo que la multinacional juguetera espera y hacen de la muñeca su versión especial; hablamos de Mariel Clayton, artista y fotógrafa de Ontario que, en uno de sus trabajos, emplea a Barbie como protagonista; para ella, la “vida perfecta” que presenta este juguete no es un reflejo de la sociedad en la que vivimos y  ha querido llegar un poco más lejos presentando a la esbelta y guapa rubia de ojos azules como una asesina nata, que acaba con el guapo Ken de las formas más truculentas y que, para más inri, sirve los restos en un banquetes para todos los hijos.

Lejos de la obviedad de la artista, Mariel quiere hacer una fuerte crítica a la imagen de la familia perfecta, padres guapos y bien cuidados, con buenos empleos y grandes sueldos, hijos resplandecientes de belleza, educados hasta el más mínimo detalle y vidas plenas y satisfechas desde el punto de vista del capitalismo occidental. Con su obra, Mariel Clayton grita a los cuatro vientos la imperfección en la perfección, la utopía de la familia 100% feliz, sin problemas y la falsa ilusión de un futuro para las niñas en el que el chico guapo y musculoso las recoge en el flamante coche, las lleva en autocaravana a la playa donde poseen un chalé, un perro y un vestidor repleto de  trajes de noche de Channel; resumiendo, nadie es perfecto ni nadie tiene la vida perfecta. Su obra es encantadoramente dura, gore y rodeada de un exquisito halo de crueldad  que te fascinará.

Seguramente que esta no es la idea que las niñas han formado en su mente de la muñeca más querida por ellas. Cuidado!!, no es una obra apta para las pequeñas de la familia sino quieres que sufran un trauma de por vida; así que es mejor no usar la obra de Mariel Clayton para alejar de la mente de la nena las ganas de una Barbie.

Pero los papas, mamás, titos, abuelos, etc si pueden cambiar el chip, evitar regalos sexistas e inculcar a sus hijos valores igualitarios, adquiriendo juguetes menos estereotipados y aprendiendo a regalar con responsabilidad, al fin de al cabo este tipo de valores se aprenden en el seno familiar y es tarea de los adultos enseñar a los niños el respeto, la igualdad y el civismo. ¿Qué le habías pensado regalar a las más pequeñas de tu casa? Espero que este post te haya enseñado que hay cosas que pueden ser menos aptas para los niños que otras; si te lo estás pensando, me doy por satisfecho. Si lo compartes, el mensaje de Mariel y el mío llegará más lejos. No lo dudes, ¡¡¡no queremos Barbies de carne y hueso!!!

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