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Llegan las fiestas navideñas y se abre la veda del amor, la confraternidad y los sueños compartidos. Comenzamos la carrera en las comidas empresariales con tus amados compañeros de trabajo: con los que aprecias, con los que no, con los que respetas, con los que no, con los que matarías, con los que te darías un revolcón, etc; batiburrillo de sentimientos que rebajamos con unas copitas de vino y un par de cubatas para acabar todos cantando Feliz Navidad al compás de Jennifer López. Inmediatamente después, la reunión familiar copa nuestro calendario festivo: regalos, mucha comida, todos los pequeños de la familia a voz en grito, los titos, los abuelos, los primos, y así hasta las tantas de la noche compartiendo el turrón y la zambomba. Y así podemos seguir con los otros días más señalados, es decir, NocheVieja y Reyes. Son semanas donde te sientes pletórico, lleno de ilusiones para el año venidero, decepciones para el que dejamos y un sinfín de deseos y excesos que no sabemos si tendrán eco en los 12 meses de existencia que no esperan.

Pero, reconócelo, tienes un amigo, familiar, compañero de trabajo o incluso tu, que aborrece estas fechas. No es que no comparta el clamor navideño, si no que aboga por      las buenas acciones todo el año, acusa a la Navidad de consumista y no entiende que toda la felicidad que parece que repartimos en estas semanas solo se queden en el último mes del año, y en enero, si te he visto, no me acuerdo (que también es cierto).

Todos tenemos un hueco en la sociedad digital actual, porque los humanos no somos iguales, existe el Jim y el Jam, el bien y el mal y siempre habrá ciertas personas para  las cuales toda la parafernalia navideña es solo una excusa para engordar las cuentas de las grandes superficies, los buenos deseos ajenos, un paquete lleno de hipocresías y las intenciones de una nueva vida, un engaño personal para hacer de nuestro ser una mentira año tras año.

Para ellos dedicamos este espacio intra-navideño, porque  sus sentimientos, en el fondo, todos lo compartimos y por muy navideño que te sientas, sabes que lo que dice el oscuro de la pandilla, el raro de la familia y el antisocial del curro es verdad, lo que pasa es que sabemos maquillarlo y nos lo quedamos dentro; ellos son, digámoslo así, demasiado sinceros y obcecados en su siniestro punto de vista. Bienvenido a la anti-navidad!

Sin duda, el mensaje es el mismo; no es que no se quiera trasladar el espíritu de estas fechas, es simplemente darle una vuelta de tuerca para poder ver la otra cara de unas fiestas tan señaladas como es la Navidad. En el fondo, a todos nos gusta recibir un pequeño presente, un abrazo o un deseo positivo para los meses venideros, pero de esta forma hacemos patente que hay más puntos de vista aparte del de los niños sentados en el regazo de Santa Claus, propio de un anuncio de Cocacola. Es bajar el escalón del idealismo, al realismo, del árbol lleno de regalos, al detallito unipersonal y de unas navidades donde la maldad, el malestar y los problemas del mundo no existen a uno donde el hombre es hombre, el poder es poder y el capitalismo es capitalismo sea la fecha del año que sea. ¿No estas de acuerdo?

A pesar de todo, te deseo lo mejor, pero no para estas fechas, sino para todo el año. Ahora, olvídate de los sueños que llegan solo con pedirlos; hinca los codos, apriétate los tornillos y ponte manos a la obra porque ninguno de los deseos que pidas en el transcurso de las 12 campanadas se va a cumplir, sino te partes los cuernos para ello. Disfruta siempre, eso que no se te olvide, porque en esta lucha está la verdadera ilusión; una vez conseguido, “sigue rascando y buscando”

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