Etiquetas

, , ,

El mundo está muy feo; no sabemos exactamente de donde viene toda la mierda que rodea a la sociedad humana: si es innata, si el capitalismo la ha traído o si nació cuando el hombre descubrió el significado de la palabra “poder”. Yo tengo mi propia teoría fatalista al respecto; creo que, como decía el filósofo Hobbes ” El hombre es un lobo para el Hombre”, no creo en la Humanidad y hace tiempo que perdí toda la  esperanza en que un día el Homo Sapiens de una vuelta de 360º a su carácter, mire por el prójimo y resurja un nuevo Homo compasivo que antes de mirarse el ombligo mire el del vecino.

¿Como se puede tener fe cuando miramos al pasado y vemos la historia de las grandes civilizaciones? Mesopotamia, Egipto, Roma, Grecia, todas ellas cayeron bajo el influjo del poder, las guerras y la corrupción. No se salvaron porque no supieron respetar los principios básicos que todas las personas tendríamos que respetar: libertad, igualdad y confraternidad; y no, no estamos volviendo a la época de la Revolución Francesa, aunque, quizás, haría falta una revolución mundial para acabar con los pilares de la sociedad que se está edificando y que, tarde o temprano, acabará cayendo por su propio peso.

Poco a poco, las personas nos damos cuenta de que así no se va a ningún sitio, pero los engranajes son tan grandes y las personas tan pequeñas que solo el despertar de la conciencia de toda la Humanidad podría acabar con todo el sistema, cosa arta complicada, porque nadie quiere otra Guerra Mundial y parece ser que es la única herramienta que poseemos para tirar la casa por la ventana. Se suceden las injusticias, las protestas y las muestras de descontento en todos los puntos del globo terráqueo, pero los que manejan el cotarro no quieren desbancarse de sus palios y se quedan tan tranquilos, viendo como los individuos se matan entre ellos, mueren de enfermedades mientras existen curas en su poder y, mientras los poderosos se hacen más poderosos, los pobres son más pobres, nosotros nos tomamos unos Gin Tonics aderezados con sangre y con sabor a carne quemada. ¿Qué nos queda entonces?

La delicadeza del arte se abre paso entre la censura porque bajo el lema del arte todo está permitido; da igual lo duro de lo que vemos, puede haber gente destripada, pero estando en una galería, todo está perfecto, aunque sea un reflejo fiel de lo que hay en el mundo. En este sentido, hoy hablamos de Robert Francois, un artista suizo, nacido en La Chaux-de-Fonds y cuyos trabajos más conocidos vienen del mundo de la publicidad. En su serie “Stop de Violence” emplea huesos humanos para recrear alusiones cultuales y reales que nadie desconoce; son los iconos de la muerte y el mensaje llega y sorprende con un resultado fantástico, gracias al fuerte contraste entre el negro fondo y el blanco de las partes óseas que sintetiza en sus formas. Increíble! ¿como un discurso tan sencillo puede connotar un mensaje tan fuerte? Esa es la mano de buen artista.

No se puede llamar encantador, ni bonito y ¿sabes por qué? Porque es demasiado real, demasiado humano y tan visceral que solo puede llamarse “verdad”. Bajo mi punto de vista, el Humano, como es hoy en día, solo se merece la destrucción total. No hay más oportunidades para un sociedad que se está cargando los recursos naturales, los demás seres vivos y está carcomiendo la Tierra como si de una plaga de termitas se tratara.  ¿Tener fe en que las cosas se podrían cambiar? No, gracias, ya se está pagando un precio muy caro a consta de esa fe y nadie debería estar dispuestos a dar un duro más por algo tan utópico e irreal.

 FUENTE FOTOGRÁFICA

Anuncios