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Estamos en la última entrega fotográfica de este gran viaje, que compartí con una de las personas que más quiero en esta vida, mi hermana Isa. Puedes ver más fotografías en la y parte de este post.

Resumir 3 meses de experiencia no es fácil, aunque tampoco ha sido mi intención, solo he querido explicar brevemente que situaciones puedes llegar a vivir cuando desconoces por completo la tierra que estas pisando, cuando vas de un lado a otro mano a mano con otra persona que, aunque sea de la familia y el amor está implícito, no implica sin problemas y, por supuesto, la aventura de tirarse al barro a descubrir nuevas culturas, países y gentes.

Llegar a las maravillosas playas de Thailandia fue un respiro para nosotros. El norte no ofrecía paz interior, poca cultura y mucho trasiego para tan poca chicha. Finalmente, y antes de lo previsto, nos lanzamos a una de las islas más bonitas del país, Khophangan; ¿qué decir después de recorrer kms de carreteras desbordadas de baches, en autobuses con cristales rotos, a una velocidad de 40 km por hora y cientos de personas con las que la comunicación se basaba en signos y señales? Un verdadero respiro.

Para conocer un país yo soy de los que digo que es necesario vivir en él, conocer su gente y encontrar la esencia que mueve su sociedad. Esto fue lo que nos pasó una vez aterrizamos y dejamos nuestras mochilas quietas. Creo recordar que en Khophangan estuvimos más de meses y medio. Cada mes, teníamos que salir de país para picar nuestros pasaportes y volver a entrar en la península, ya que un pase de turista tiene validez mensual y si te pasas, te lo digo por experiencia, tendrás que pagar un alto precio por cada día que has incumplido la ley. En estos trayectos obligatorios visitamos Birmania, que solo fue ida y vuelta porque no era un país muy recomendado, y Malasia, en el que nos quedamos a pasar un fin de semana.

Las vacaciones empezaron: playas de encanto, fiestas a la luz de la luna, a pie de cataratas, en medio de la selva y hasta el amanecer y mucho descanso en nuestro bungalow, una preciosa casita situada encima de las rocas y en la cual, con la subida de la marea nocturna, podías escuchar la mar golpear suavemente las rocas que la bordeaban. Además, para nuestra sorpresa, al entrar después de alquilarla, descubrimos que debajo de la construcción su anterior dueño había guardado cuidadosamente enseres de cocina, menaje, platos, cucharas, un hervidor de agua y muchos accesorios que no teníamos y que eran imprescindibles para poder vivir sin grandes gastos en comida; para nosotros, fue un regalo de los dioses.

Después 11 años la mente se vuelve selectiva y solo recuerdas un 10% de lo vivido. Suerte que tengo un pequeño cuaderno donde fui detallando día tras día lo que íbamos experimentando. El otro día eché mano a este verdadero cuaderno de bitácora y me encontré cuantas cosas había olvidado. Pero si miro atrás, lo que más recuerdo son las relaciones con nuestras vecinas (las chicas que aparecen en la moto), las cenas nocturnas con ellas, la chica thai que conocí en una fiesta y me contó que el corte de pelo en el budismo significaba un cambio de vida, a Sak (la historia de Sak es un oscuro punto en mi vida que mejor olvidar y que me trajo muchos calentamientos de cabeza una vez que volví a España, pero me enseñó una gran lección a base de un susto), etc.

Y sobre todo, quiero remarcar que aprendí mucho de mi gran hermana, que ha sido la única oportunidad que he tenido de vivir con ella una experiencia tan grata y que, pase lo que pase, no hay que olvidar en la vida que la familia es lo único que queda y que hay que situarla en el primer lugar de personas más importantes para el desarrollo personal del individuo. 

Te quiero mucho mi hermanita!!!!

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