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Según mi percepción, y creo que la de la mayoría de los seres humanos que poblamos este oscuro mundo, conforme nos vamos haciendo mayores, la vida se hace un poco más mierda; con ello no se presupone que estás depresivo o amargado y que el día de mañana vas a acabar con tu cuerpo estampado en el suelo de alguna calle porque has arrojado tu palmito por encima de la ventana de un 7º piso; hablamos de realidades, verdades como templos que se han transformado casi en la biblia del vivir.

Cuando somos pequeños, la iconología que nos rodea está llena de ternura, buenas intenciones y ositos envueltos en nubes de algodón azul. ¿Quién no ha mirado esos libros dedicados a los niños de 0 a 3 años donde explican los ruiditos que hacen los animales de una granja y se ha conmovido con las miradas que muestran a su inocente lector? Todos añoramos esa inocencia, la queremos, la necesitamos y nos gustaría que esa realidad fuera cierta y no meros símbolos para hacer más fácil el crecimiento de nuestros bebés.

Sales del cobijo  de las enaguas de tu madre y comienza la odisea: primeramente la escuela, donde no todos los niños son tan inocentes y donde das de bruces con el ring de boxeo; he oído en múltiples ocasiones que los críos no tienen concepto del bien y del mal pero me parece que eso no es verdad porque da la casualidad que el crío que de pequeño es el cabroncete, de adulto es el cabronazo, tengo ejemplos que ilustran esta afirmación; tienes que aprender a sobrevivir, a ser un niño fuerte o a pegar hostias a diestro y siniestro, tu eliges la opción. Llega la adolescencia, bendita seas: te transformas en un gremlin, aparecen pelos por todos sitios, nacen de tu voz esos malditos gallos que muestran tus cambios y el BIGOTITO, esa horrorosa pelusa negra que deseas arrancar con toda tu alma a pellizcos mientras todos los adultos que te quieren te dicen “Se está volviendo un hombre”. En esta etapa te puedes quedar enclaustrado todos los años que quieras, o que puedas, ¿cuántos nenes y nenas habrás visto con 20 y tantos llenos de sórdida inmadurez? Pueblan este desgraciado mundo.

Y por fin eres adulto, pasas la universidad, que es, sin duda alguna, la mejor etapa de la vida, te pones el disfraz gris, como bien decía Michael Ende en el libro de “Momo” y entonces te cagas: los amigos pasan por el filtro, como café molido, y solo quedan los que puedes contar con el dedo corazón de tu mano, los compañeros del curro, gladiadores atormentados que batallan por llegar arriba echándote a los leones si es necesario y los jefes, esos fantásticos seres intocables que tienen en su mano algo que tu nunca tendrás y que todo el mundo desea: poder y dinero; triste realidad.

¿Donde están ahora la vaquita con ojos saltones que hace muuu del libro? Pues si, está dentro de una nave industrial junto a 200 vacas más, enchufadas a una máquina sacaleches, para que tu puedas levantarte a las 6 de la mañana, tomarte tu café y echar tu jornada de tropecientas horas y ganar 500€ con una licenciatura, un master, tres cursos y varios idiomas.

Toda esta parafernalia de vida no es mía y algunos artistas se hacen eco de ella de la mejor forma posible, con arte. Hoy me levantado como Rodolfo Loaiza y sus dibujos me han inspirado este texto. ¿crees qué no? Él emplea los personajes de Disney para ilustrar los porrascazos que te das en la vida cuando sales del mundo de los dibujos y miras a tu alrededor: fuera princesas inocentes, fuera héroes que parece que nunca cagan y, por supuesto, fuera mundos donde “todos fueron felices y comieron perdices”   No dejes de mirar su obra porque es dulcemente cruel, como la vida misma, como tu y como yo. Solo te dejo un aperitivo, pero su Instagram está cargado de ironía Disney que te sacarán, al menos, una grata sonrisa en este caluroso Julio de 2015.

La vida es vida y los sueños, sueños son; pero, al final del día te preguntas, ¿qué sería la vida sin sueños o ilusiones? ¿Seríamos felices si nuestra existencia fuera igual que la de los cuentos de hadas? Y te acabas contestando a tí mismo, pues no lo se, porque como no he tenido la oportunidad de vivirlo… lo que se que es verdad es que hora tras hora me quedo lagrimeando porque al acostarme no he conseguido nada de lo que este año he pedido a esa estrella fugaz que cierta noche pasó por encima de mi cabeza, o ese deseo que se me escapó en la noche de San Juan o esos sueños que no cuentas por temor a que no se cumplan. Despierta ya!!! 

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